por Manuel López*
Fueron los romanos quienes refinaron la puesta en escena de acciones con importancia política, en la república descubrieron la trascendencia de los mensajes públicos verbales y no verbales, lo que se denomina en teatro la puesta en escena y en la cocina la puesta en plato, la presentación, tanto o más importante que el plato mismo, en definitiva lo que fuerza y provoca el primer impacto por la vista. Es lo que hemos visto en estos días un hecho que todos sabíamos que ocurriría, más temprano que tarde Pinochet se moriría, y los diferentes actores del teatro político prepararon sus papeles.
El año 2006 estará marcado como el de la muerte de Pinochet, la movilización espontánea de la gente a favor y en contra, la expectación mundial, la tensión del ambiente, han convertido un funeral en el hecho político más importante de los últimos años, y quien lo podría dudar ¡sólo el vocero de gobierno!. Pero un hecho político mayor obviamente tiene implicancias que trascienden a cualquier ministro vocero, a mi modo enumeraré tres: Pinochet, Bachelet y el Ejército, en el entendido que la política está definida por lo que nos es común y nos afecta a todos los habitantes del país:
1) Pinochet: Por alguna razón a los chilenos nos gusta decir que somos especiales, que nuestro modelo económico y político, la bandera, el himno, los límites y un largo etcétera, así decimos que Pinochet es diferente a otros gorilas del continente, ¡que no había robado se llegó ha decir!!!, lo siento “chilito”, robó como cualquier dictador, violó los derechos humanos como todos los dictadores, actuó al ritmo de la música norteamericana como todos los oficiales de los ejércitos latinoamericanos que han pasado por la Escuela de las Américas y se han educado en la doctrina de seguridad nacional, y finalmente se entregó a las decisiones estratégicas de la oligarquía nacional como todos los golpistas latinoamericanos. Y murió en la impunidad igual que todos ellos. No somos diferentes.
La decisión del golpe de estado, día y hora estaba definida sin Pinochet, fue la Armada, como en 1891 y 1924, quien decidió actuar como brazo armado, quebrar la Constitución y poner fin al régimen democrático. Fue la Fuerza Aérea, Leigh quien decidió jugar el papel de la mayor fuerza represiva, cada actor quiso su parte en el botín de la historia. Pero la decisión mayor estaba definida por Edwards y Nixon, el rumbo a seguir por la cofradía de la armada, la refundación oligárquica del país ante el avance logrado por la mayoría de los ciudadanos a través del sistema democrático en un largo proceso de movilizaciones populares. Estaba decidida por esa oligarquía que vio con temor el fin de los latifundios y el peonaje, herederos de las mercedes y encomiendas. Depende del autor que sigamos, podemos decir que el fin del latifundio marca el quiebre social y político del país, o la necesidad del orden portaliano y el peso de la noche.
Jaime Guzmán y toda la derecha vió como se desmoronaba la España franquista, y por ello su preocupación por el modelo, la obra debía perdurar, ha sido el papel de la UDI mantener la obra, y el acuerdo de la transición fue no realizar modificaciones de fondo sólo maquillaje, el acto del presidente Lagos al firmar las reformas constitucionales no cambian la esencia de la constitución del ochenta, esto es, sin soberanía popular, autoritaria, de presidencialismo reforzado, centralista y sin espacios a reformas trascendentes, ni plebiscitos ni asambleas constituyentes, como informó The Economist “una democracia imperfecta”.
Pinochet fue el capataz que puso orden en el fundo, al peonazgo alzado, fue el verdugo que ejecutó la venganza, y el encargado de demostrar una lección que el rotaje no olvide fácilmente, que la haga trascendente, que traume sus aspiraciones, por ello la operación retiro de televisores tiene una doble trascendencia, demostrar que la fuerza esta sobre la justicia y dejar una marca irreparable en la memoria colectiva, los desaparecidos deben quedar en la memoria colectiva como ejemplo permanente del poder de la venganza de la derecha, de lo que le puede suceder a quien se alce contra los privilegios de algunos. El golpe de estado de 1973 vino para quedarse un largo tiempo con nosotros, y reaparecerá en la memoria colectiva con cualquier excusa, la de hoy fue un funeral.
Pinochet representa nuestra línea valórica, nuestra capacidad de aguante, nuestro propio Hitler, es parte de nuestro imaginario colectivo como Nación, como país por construir, la opinión que tengamos sobre él se la trasmitimos a hijos y nietos, es lo que esperemos que ellos hagan frente a los derechos humanos, en que lugar lo ubiquen, qué deben respetar y hasta cuándo. Pinochet es la línea divisoria del país entre, vivir en Lo Curro y La Victoria, entre quienes valoran primero el valor del poder, la disciplina y la riqueza y quienes ponen en primer lugar el respeto de los derechos humanos, la democracia y la soberanía popular, una fisura para el siglo 21.
2) Bachelet: Cuando la política comunicacional es no tener comunicación, cuando la recomendación es no aparecer no opinar, entonces la protección, el blindaje se vuelve ocultamiento, negación. El papel de un líder político es tener opinión, y sobre todo en momentos de hechos políticos trascendentes, de conmoción pública, tomar posición, valórica y política, cuando no hay palabras, ni opinión, los líderes se vuelven asépticos y asepsia inocua, insípida, en definitiva intrascendente. Puede sumarle algunos puntos en las encuestas quizás, pero ha dejado de ser un líder de opinión. No existe diferencia entre la actitud de Bachelet y algún otro nombre como presidente. En los hechos, frente a la muerte de Pinochet, nadie en su sano juicio le habría dado honores de Estado, eso estaba claro, pero había que tener valor para decirle no al Ejército en su intención de hacer un acto político trascendente de los funerales de su capitán general benemérito. La línea del medio no siempre es la más justa, ni la correcta.
Lo siento Michel, me cae bien, pero su primer año de gobierno ha estado marcado por lo que es, un político de nivel medio, querido por la gente, pero sin grandes luces, sin frases que recordemos, sin ánimo de trascendencia, de guiar un país a un norte valórico, como diría Allende no es carne para mármol, solo acomodarse a una realidad cambiante, callarse ante la movilización de la gente. En la muerte de Pinochet el ejército golpista hizo lo que quiso. Deberá ser esa nuestra opinión del primer año de gobierno, la abstención, la falta de iniciativa, quedan otros tres, Bachelet ha demostrado poder sobreponerse a la adversidad, aún puede.
3) El Ejército y los nietos: Estaba claro que el ejército reconoce a Pinochet como su líder y por tanto a su actuar como el correcto, el discurso del Comandante en Jefe actual no hizo más que reforzar lo entendido por las imágenes, el Ejército de Chile es a imagen de Pinochet y su vocación autoritaria está intacta, por lo demás ¿alguien a intentado cambiarla? Siempre el Ejército ha justificado el golpe y sus consecuencias, todas sus consecuencias y lo seguirá haciendo mientras nadie se esfuerce por hacerle entender lo contrario, el gorilismo llego la ejército para quedarse y ese mensaje lo reforzó Izurieta y el nieto de Pinochet para dejarlo claro. Bachelet no pedirá la renuncia del comandante en jefe por sus dichos golpistas, ni ella ni ningún otro presidente de la Concertación o de la Alianza, hay un acuerdo tácito, y cierto temor de la clase política, el ejército y su comandante no se tocan, ni las decisiones de compras militares, ni la carrera armamentista, la ministra de defensa sólo es un elemento decorativo.
Sin embargo, un hecho aparentemente menor y nada espontáneo, es el que marca la jornada, con dos actores para nada intrascendentes. Los nietos de Pinochet y Prats jugaron cada uno un papel, un rol dado por el país que vivimos, uno desde la testera, la voz principal, como oficial de ejército activo le es permitido un declaración golpista de tanta trascendencia como la del Comandante en Jefe, en definitiva el legado permanente del golpismo en las fuerzas armadas, alguien piensa que las palabras no fueron preparadas con anterioridad, ¿quién lo vería previamente un Pablo Rodríguez o FJ Cuadra? En política no hay casualidades. En tanto el otro nieto del general Prats juega el papel de la reivindicación, del grito, de la dignidad, en este acto del escupitajo, hay que tener cojones para ir al nido de las víboras y escupir en su tumba, cojones, decisión y un resentimiento profundo, un sentimiento golpeado.
Dos jóvenes opuestos que nos marcan el futuro, el país que nos entregan Pinochet, Bachelet y todos quienes manejaron y decidieron la cuestión pública todos estos años, un oficial golpista y un nieto de víctima de las violaciones de los derechos humanos, sin justicia, para ellos las instituciones no funcionaron.
Mientras la derecha y el Ejército están preocupados del largo plazo, el Gobierno se preocupa de bajarle el perfil y que no tenga efectos en las encuestas, poder sobrevivir a las tempestades pareciera ser la consigna. Pero lo importante es la herencia que perdura esa que marcará nuestro destino individual y colectivo por muchos años, esa que nos condena a vivir en una sociedad injusta, antidemocrática, conservadora y llena de miedos, quizás esa sea una particularidad de nuestra dictadura, la mirada fría estratégica y racional para refundar el orden oligarca que los rotos se habían atrevido a alterar…
En fin, como dijo Scarlett O´hara “Mañana será otro día…”
* Profesor de Historia, Magister (c) en Ciencias Políticas
