Jornada Escolar Completa. (J.E.C.)

“Mejora la educación o agobia el aprendizaje”

por Francisco Venegas

El año 1989 cursaba primero medio en el Liceo A – 28, ahora Pablo Neruda, mientras escuchaba en la radio los éxitos de Soda Stereo, Virus y los Prisioneros, vivía una de las mejores etapas de mi adolescencia. Mi vida como estudiante, no era muy complicada, estaba en el colegio hasta las 14:00 hrs, llegaba almorzar a la casa, compartía con mis amigos, hacia las tareas y me preparaba para un nuevo día en el colegio. Nunca tuve problemas con mi entorno escolar, de hecho me gustaba ir al colegio, conocía a mis compañeros de curso desde primero básico, la atracción por este entorno nacía de mi relación con mis pares, más que un cariño por la educación que recibía, que a ratos era muy aburrida, especialmente en las asignaturas relacionadas con las ciencias exactas, de hecho mis gustos siempre fueron humanistas, especialmente Lenguaje e Historia. La relación con los números siempre fue tortuosa, especialmente los días viernes, en que despedía la semana con dos eternas horas de ecuaciones, conjuntos y teoremas.

Han pasado casi 13 años desde que salí del colegio y con la experiencia, veo mis años de estudiante de dulce y agraz, dulce por la experiencia social que viví y amargo por asignaturas que no aportaron mucho a mi formación, ni tampoco estimularon mi limitada visión cuantitativa de la vida. Por esta razón me llené de alegría y sana envidia, cuando en 1990 durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle, se anunciaba la incorporación de la J.E.C. a la educación tradicional, un cambio necesario y urgente para nuestra educación, ya que mis sobrinos, y posiblemente mis hijos, tendrían una educación más estimulante de la que yo tuve, con un colegio integral, que no será sólo para absorber contenidos o escribir la materia de la pizarra, con este nuevo cambio, el colegio sería transversal y atractivo para los estudiantes, claro, se estaría más tiempo en el colegio, pero se realizarían en este tiempo adicional, talleres lectivos que incluyen teatro, deportes, cine, debate y tantas ideas que nacerían de la mente de nuestros maestros reformistas. Se anunció en forma rimbombante de boca de académicos cercanos al establishment intelectual concertacionista, como Maturana, Cox y uno de los personajes que quizás sabe más de educación en Chile, José Joaquín Brunner. Sin embargo, con el correr del tiempo, estos proyectos se fueron esfumando y ahora que llevo seis años como Profesor, he conocido varias realidades educacionales y he observado, que estos proyectos educativos, quedaron solo en tinta, sobre documentos archivados. ¿Qué es lo que ocurrió? ¿Por qué la J.E.C. no cumplió con lo prometido? ¿Por qué en vez de potenciar el aprendizaje, lo agobio aún más?

Según las cifras actuales, 4.000 establecimientos educacionales en Chile, no tienen la infraestructura para la J.E.C., pero a pesar de esto, lo han implementado con las consecuencias esperables, afectando a casi 800 mil alumnos, sin contar los colegios que lisa y llanamente se han negado a presentar, un proyecto de extensión de jornada.
La idea que planteaba esta reforma, era que en el año 2002 todos los colegios en Chile tuvieran doble jornada, los jóvenes pasarían más tiempo de calidad en el colegio, haciendo deportes, estudiando, con un profesor concentrado en el trabajo y no deambulando de colegio en colegio. La realidad del 2006 es diferente, los colegios tienen serios problemas de infraestructura, no tienen becas de alimentación, los apoderados pagan un deficiente almuerzo, los que pueden hacerlo, los alumnos comen en los pasillos, escaleras o simplemente no se alimentan.

Del entusiasmo inicial, pasamos rápidamente a la desilusión. ¿Por qué esta sensación de fracaso?
Creo que la estructura rígida de la educación chilena ha sido un impedimento, no hay espacios para el trabajo docente en equipo, las horas adicionales se ocupan para hacer más de lo mismo, más clases de castellano y matemáticas ¿Por qué?
Debido a que cada colegio en Chile, es medido por la sociedad por un parámetro cuantitativo, homogeneizante y alejado de los valores de la reforma, me refiero al SIMCE y la PSU, la extensión de jornada, se ocupa preferentemente para cubrir estas necesidades, incluso en muchos establecimientos básicos y medios se “aconseja” a los apoderados a no enviar a sus pupilos menos aventajados al colegio durante las evaluaciones nacionales, donde ellos tienen el derecho a ser evaluados, pero su ausencia, asegura a los propios establecimientos, tener mejores puntajes y el consecuente apoyo de la comunidad, aumentando su imagen académica y matrícula anual.
Todos estos vicios, son observados con distancia y apatía por el Estado, el cual como principal responsable, debería ser garante de la excelencia académica y la educación para todos.

¿Por qué se llegó a esto? ¿Todos los establecimientos han fracasado?
Las razones pueden ser muchas, el Estado se relajo, “Dejo Ser” no presionó a los establecimientos, no entregó los recursos apropiados, se apuró en cumplir el tan publicitado proyecto y no midió las consecuencias que trae la informalidad. Existen casos exitosos del alargue de jornada, especialmente en las zonas rurales y algunos colegios urbanos, pero son tan pocos, que sería exagerado hablar de éxito.

Ahora que veo a jóvenes estresados, llegando tarde a su casa, con poco tiempo para compartir en familia, exigidos por el SIMCE y la PSU, creo que mis tiempos del año 89, escuchando Los Prisioneros y teniendo, a veces, aburridas y conductistas clases, eran tiempos más felices que ahora. Creo que no tengo nada que envidiar a los jóvenes de la JEC.

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